El Caballo de Peruano de Paso, es sin duda alguna, un animal único, que genera en los aficionados una pasión por su crianza, como he visto pocas. Y esto es así pues no solo se trata de un ejemplar bello, con gran brío y temperamento sino que además lleva a quien lo monta, con la mayor suavidad y elegancia.
Aun así, hoy muchos se preguntan por el futuro de esta raza y para intentar dar una respuesta a este interrogante, creo que es necesario empezar por los orígenes de la relación del hombre con el caballo.
A través de los tiempos el caballo acompaño y le sirvió al hombre en gran cantidad de actividades: la guerra, el transporte, el trabajo de la tierra, etc. y en función de estos factores de uso y de medio ambiente se fueron gestando las distintas razas que perduran hasta la fecha.
En el caso de nuestro Caballo Peruano de Paso, el Hombre dedico mas de 500 años para obtener lo que es hoy el Mejor Caballo de Silla del mundo, usando como base el caballo español o andaluz, que vino con la conquista a América, el cual ya había recibido la sangre del berebere y anteriormente de caballos frisones o nórdicos. Sobre estos caballos que tenían capacidad de amblar (por influencia de la raza berebere) y una enorme elegancia en el movimiento de sus anteriores, que le aportaba un aspecto muy distinguido, se fue gestando un caballo que debía servir para transportar a las personas, a lo largo del extenso virreinato del Perú. Estas bestias debían ser suaves, resistentes y recorrer las distancias lo más rápido posible sin cansar a los viajeros, por lo que el hombre fue seleccionando aquellos caballos que rompían la ambladura produciendo unos aires (o manera de caminar) de mayor suavidad para el jinete.
Esta función fue la que marcó la relación del hombre con este caballo en el Virreinato: transportar al jinete que viajaba o al hacendado que recorría durante el día los sembradíos, pero también les permitía lucirse, montando un caballo exquisito, en las fiestas de los pueblos.
Con el correr del tiempo el hombre, por su inteligencia, progresó hacia la mecanización e industrialización, llegando a nuestros días, en que el caballo ya no es necesario para la guerra, ni para el transporte, ni para recorrer los campos, lo que nos lleva a preguntarnos que hacemos con él.
Así, algunas razas se desarrollaron para dedicarse a las carreras o a saltar vallas, y otras se han dedicado a la Doma Clásica, a la Alta Escuela, o se usan para jugar al Polo o al Pato, por lo que hoy son buscadas para acompañar al hombre en una actividad hípica deportiva. Por su parte, el caballo Peruano de Paso, que fue hecho para andar largos caminos con suavidad, pero poniendo su brío a la voluntad del hombre para avanzar con gran determinación, fuerza y arrogancia, no puede adaptarse a una actividad deportiva como las conocidas. Pero puede hacer lo que ninguna otra raza equina: caminar de paso, con el aire impetuoso de sus anteriores, dando, los de buena raza, grandes pasos por la entrada de sus posteriores, llevando su cabeza levantada, mirando de frente en una actitud propia de su brío y con una elegancia propia de su belleza.
Y esto en verdad hace que el jinete sienta que va montado en algo importante.
Entre los criadores de la raza, en el Perú, y en todos los países donde se ha extendido la afición, se llevan a cabo de manera periódica los concursos, donde los ejemplares, compiten entre si y un juez selecciona los ganadores de cada categoría o de un campeonato, brindando al criador una guía de cómo evoluciona su cría.
Sin embargo, esta actividad, tan importante, debe ser tomada, a mi criterio como un medio y no como un fin en si mismo, hecho que, en mi opinión, atenta respecto del futuro de la raza.
Y aquí vuelvo al planteo inicial acerca del destino de la raza ya que, mientras algunos creen que el Caballo Peruano de Paso debe ser criado para los concursos, orientándonos a hacer caballos cada día mas competitivos para ganar premios, creo que no debemos olvidar las palabras de un viejo e importante criador peruano que, con todo acierto, dijo: “El caballo Peruano de Paso es un caballo de trabajo que puede concursar y no un caballo de concurso incapaz de trabajar”.
Es cierto, el caballo ya no hace falta para las tareas del campo ni como medio de transporte, pero fue esa función la que generó esta joya ecuestre que es hoy el Caballo Peruano de Paso: un animal fuerte, longevo con función, de buenos pisos y hermosos andares.
Como señalaba antes, la inteligencia del hombre lo llevo al desarrollo económico, social, cultural y tecnológico que hoy conocemos, pero no debemos olvidar el aporte que todas las razas equinas, y ésta en especial, hicieron en ese camino.
El caballo no ha sido un simple animal domestico, sino un verdadero compañero del hombre en su lucha por dominar la naturaleza y es esa nobleza la que debe ser reconocida y premiada, en estos tiempos de bonanza.
En el caso especial del Caballo Peruano de Paso, creo que la manera de hacerlo es impulsando y manteniendo su crianza, apuntando al objetivo para el que fue desarrollado: Cabalgar.
De esta manera, a mi juicio, el hombre vuelve a necesitar del caballo, pero ya no como una obligación o un trabajo, ni del hombre ni del animal, sino para disfrutar cabalgándolo por placer, sin apuro, sin necesidad de llegar a ningún lado. Y además gozando su potencia, arrogancia y sobre todo la comodidad en el andar que permite disfrutar el paisaje y la equitación, unidos nuevamente por la mística de esa relación milenaria, que logra que el stress que nos agobia, se disipe totalmente.
Pienso que es ésta la verdadera razón que justifica la crianza y el destino del Caballo Peruano de Paso, ya que ganar concursos me parece una mirada muy corta, que nos deja muy felices a los criadores, pero que confina la raza a un círculo muy pequeño de personas, privando al resto de los mortales del placer de cabalgar sobre este hermoso y único animal.
Si aceptamos esta idea cambia radicalmente la mirada que debemos tener, ya que si nos planteamos criar para un mercado más amplio, debemos pensar que hay que aportar al usuario, un producto de calidad. Y para alcanzar estos estándares, es necesaria una buena genética, pero también un minucioso trabajo, por parte de los criadores, respecto de cuidar la sanidad, desde el nacimiento de los potrillos y la educación o doma de los mismos, respetando sus tiempos de desarrollo y madurez.
Es importante en este sentido, que los concursos, sirvan también para establecer parámetros de fortaleza, introduciendo en los mismos variantes tales como las pruebas funcionales de los reproductores (yeguas y padrillos); ser muy estrictos en las admisiones con defectos morfológicos en los reproductores, que pueden generar problemas en el tiempo; laurear animales de mas de diez años, que lleguen en perfecto estado de salud, etc.
De esta manera podrán brindar una guía para la cría con destino a un mercado de personas que solo desean ser propietarios de caballos, para disfrutarlos cabalgando, sin comprometerse con la crianza.
Si hacemos prevalecer este criterio, los criadores deberemos trabajar con un fuerte sentido de la sanidad, evitando el sobrepeso de los animales, el entrenamiento desmedido o hecho de forma incorrecta y preocuparnos mucho en la educación o doma del mismo. En esto es importante seguir el criterio de convencimiento y no de imposición, para lograr caballos que se relajen al andar, mejorando de esta manera sus aires y dando satisfacción, tanto al propio caballo que, por naturaleza, quiere servir a quien lo conduce, como al jinete que comprobará con alegría que su caballo acepta gustoso lo que el le pide.
Desde este punto de vista, el concurso será el banco de prueba de nuestra mejora en la genética, pero con destino a la producción de un animal, sobre todo castrado, cada vez mejor y el éxito de los criadores estará marcado, no solo por ganar premios en un concurso, sino por la mayor aceptación por parte del publico de todo el mundo, de la misma manera que un fabricante de automóviles desarrolla tecnología de punta, que es probada en las competencias de Formula 1 y luego es trasladada a la producción del automóvil de línea, logrando mejorar a este ultimo.
Creo que difundir la raza es lograr que cada vez más gente conozca a este caballo y para esto debemos mostrarlo y venderlo. Y es que por más que escribamos ríos de tinta y hagamos exhibiciones, la gente, incluidos los aficionados a la hípica, no llegan a saber verdaderamente lo que es el Caballo Peruano de Paso, hasta que no ponen su cuerpo sobre el lomo de un ejemplar.
Pienso que los quinientos años de trabajo, que le llevo al hombre desde el Virreinato del Perú, hasta la época de la independencia y, en los tiempos modernos, a las Asociación de Criadores del Perú y la Argentina, para fijar los estándares de la raza, mejorar sus aires, y así tener hoy este Hermoso y Único animal, el mejor Caballo de Silla del Mundo, deben ser respetados y preservados.
Este esfuerzo debe ser aportado a la cultura universal, produciendo un caballo que pueda ser usado por el hombre de distintas latitudes, ahora de otra forma, cabalgando por placer, pero conservando las características con que se formo. Creo que este puede ser un destino de la raza más interesante que estar destinado solo a ganar concursos, donde tengamos el placer un reducido numero de personas, los criadores, y que tal vez de esta manera podamos evitar que nuestros hermosos compañeros se tornen una moda y, como tal, con el tiempo desaparezcan.
Autor: Néstor Imberti |